Remember Rubén Darío

De tus ardientes pupilas
aún siento el vago poder,
aún me incendian tus miradas
de infinita languidez;
aún escucho tus palabras
y tus promesas de ayer;
aún de tus besos dulcísimos
siento en mis labios la miel;
aún el roce de tu mano
todo me hace estremecer;
aún me abrasa tu contacto
como la primera vez…
Aún tu aliento me impresiona,
sube la sangre a mi sien;
y aún el corazón, mi vida,
me late, no sé por qué.
Aún te amo por tus ardores,
tu ternura, tu doblez,
tus caricias, tus engaños,
tus locuras y tu hiel…
Niña hermosa, bien se paga
la pasión con el desdén;
uno aprende muchas cosas,
¿no es verdad?, con la mujer.
Lo primero, que es un ángel
que domina cuanto ve;
lo segundo, que hay un áspid
en sus labios de clavel;
lo tercero, que sus gracias
son raudales de placer,
y que es su pecho un abismo
siniestro y hondo…-¡Muy bien!.

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