No estamos solos

El Señor no ha de abandonarnos para siempre. Aunque hace sufrir, también se compadece. Porque su amor es inmenso. Realmente no le agrada afligir ni causar dolor a los hombres. El pisotear sin compasión a los prisioneros del país, el violar los derechos de un hombre en la propia cara del Altísimo, el torcer la justicia de un proceso, son cosas que el Señor condena.

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