Despeja tu corazón y cierra los ojos, somos uno solo.

Tuve la suerte de conocer casi toda Nicaragua especialmente las zonas rurales. Conocí  Misquitos, Sumos y Ramas así como Afro descendientes, campesinos de la vieja y nueva frontera agrícola, campesino pobre campesino rico. Personas muy inteligentes con un gran sentido común de la vida y un equilibrio del mundo la tierra y de la a naturaleza. Me invitaron a su cocina a platicar. Desde ese momento encontré la bitácora para detener el tiempo. Hablábamos de las maravillas que se podría hacer en pais si no fuera por la política y los politicos. Nicaragua  es linda. Es una flor, bien por la canción de Mejía Godoy. Los Cayos Miskitos, Corn Island, navegar el Gran Lago, Río San Juan, San Juan del Norte ¡Que exótico! Las Reservas Forestales, las comunidades de la vieja y la nueva frontera agrícola. Ah!, la Costa Atlántica que perla de Nicaragua. Ver la tarde caer en Punta Ñata, Chinandega, la gente de Corinto  visitar León,  Granada, descansar en Los Pueblos, la laguna de Apoyo Oh! Un platillo exquisito de turismo. Pero saborear el clima de Estelí: El Consuelo, El Regadio, Pueblo Nuevo, Jinotega, Tuma la Dalia y San Ramón es un manjar de otro mundo. Visitar Ocotal y Somoto, Palacaguina, Yalaguina: rio abajo el Hatillo, San Ramón.  Tantos bonitos lugares, Nicaragua tiene todo. Nunca debí haber salido. Nicaragua es verde, caliente,  bonita y extraña como sus mujeres. Inspira a poetas, escritores, músicos, héroes y grandes pensadores por abrumadora su belleza.

Diez años sin ella evocan recuerdos mixtos y encontrados. Mi país tiene muchas bellezas naturales, pero obviamente su encanto está en su gente. Su gente tiene una gran virtud: humildes, cariñosos, amigables, platicones y te hacen reír. El día que salimos de Nicaragua, los que hoy vivimos en el exterior, tomamos la decisión de dejar atrás esa belleza natural, pero junto con nosotros cargamos en el equipaje nuestro encanto.

Si bien es cierto que la situación económica, la guerra, la corrupción son eventos que aún hacen eco y nos duelen a pesar de los años y las vidas perdidas, pero tenemos que sanar algún día nuestras heridas. Como el buey, el nica en el exterior, se lame solo sus heridas. Pero ese sentimiento de  abandono al partir y dejar atrás a los amigos y familiares, es una emoción  que duele en el alma y persiste en el recuerdo. Son nuestras arrugas y nuestras canas emanadas de llantos y risas fugaces. El que está muerto ya no sufre, nosotros los vivos tenemos que pasar por todas estas transformaciones. Salimos un día con una mano adelante y otra atrás, como piratas, navegando con una mochila de recuerdos en busca de nuevas conquistas, armados con nuestro encanto, fuimos hacia lo desconocido en busca tierras de extrañas..

Hoy nuestras vidas han cambiado. Por supuesto, Nicaragua no es la misma ni tampoco nosotros. Conquistamos con nuestro encanto al conquistador. Nicaragua produce hombres y mujeres encantadores, donde van encantan. Aunque muchos no quieren regresar, yo si quiero. Mis recuerdos son frescos y me gustan. Mis recuerdos persisten, asientan mi alma como cabaña caliente en inviernos helados. Me gustan los veranos, los amigos, las verdes montañas, los espacios abiertos y los vecinos calurosos y buyiciosos. Ellos nos traen humor y calor humano y en malos tiempos nos dan la mano. Sino como explicar la estrategia de sobrevivencia del nica, básicamente es pura solidaridad humana.

Pero al ver el retrovisor de mi pasado veo que los años se han escurrido como agua entre las manos, hubiera deseado no haber estado tanto tiempo ausente de Nicaragua. Me gustaría regresar hoy. Navegar el Internet comprar un boleto de avión y regresar. No mirar atrás. Pero me temo que tendré que posponer ese plan de regresar en el 2010, o hasta que se mejore la economía –porque sobrevivir una crisis mundial en Nicaragua no es cosa de juegos.

Así que hoy tratare de hacer un paréntesis y prolongare mis remembranzas, voy a apreciar más mi país por sus virtudes y no pondré atención a sus imposibilidades. Trataré de ver a su gente y sus paisajes, procurare hacer todo lo posible por olvidar un poco, auque sea por un momento, la razón por la cual no estoy ahí (de mi ausencia) y porque estoy aún en una tierra que ya es como no muy extraña para mi. En otras palabras no hablaremos de política ni del pasado reciente.

Aunque se que mi país no es el mismo, aún lo veo y lo recuerdo con el aire espeso y su verde único. Los patios con sombras, la capital verde de Managua. Los mangos, los aguacates… las limonadas. Como lo saboreo en la distancia. Especialmente en un día caluroso, veo la silueta de un nica platicón en una hamaca, en una banca, en una baranda, en un corredor de madera, esperando, esperando que pase algún “amigo” para hacer plática. A millas de distancia lo filmo por una rendija del pasado y lo veo con mucho esplendor. Veo el patio, observo el aura de la tranquilidad de un domingo por la mañana con sus nacatamales, pan y café caliente y las campanas de la iglesia sonando al ritmo del bocado del que desayuna temprano. Las muchachas bonitas con el pelo mojado van caminando hacia la iglesia. Los muchachos caminando hacia el campo deportivo y no caminando uniformados hacia la guerra (medio uniformados van caminando al partido de football o baseball). Las pláticas de política ya casi no se escuchan, hablan más de cosas triviales. Observo a la sombra del viejo árbol frutal y razono: por años este árbol ha  complementado la dieta familiar ha sido la boca y la sombra del trago del bolo.

Veo tres ancianos retirados en plática en la esquina todas las tardes, esperando que llegue la novela o el noticiero para entrar a la casa.

Recuerdo eso y lo extraño, extraño a mi gente. Porque mi gente es lo que me hacer ser lo que soy, hoy por hoy, y auque en tierras lejanas esté, llevo conmigo algo que nació de esa platica, de esa sombra del palo de fruta, de ese domingo, de esa playa, de esa mujer, de esa guerra, de esa alfabetización, de esa crisis económica, de esa solidaridad vecinal, de los cortes de café, de la Universidad y los movimientos estudiantiles, de la revolución, la contra revolución y la oposición.

Ese recuerdo me ayudo a sobrevivir,  a crear un mecanismo mental para sobrellevar las dificultades del día a día de la gran ciudad. Cuidad con muchos extraños. Porque los primeros años en tierras de extraños son los más duros y tristes. Te hacen reflexionar, te hacen llorar.

Me ayudó en mis momentos en que me encontraba frente a frente con la discriminación por nacionalidad. Porque a nadie le gusta que extranjeros vengan al país a competir, a buscar mejores condiciones de vida. Me ayudó reflexionar mi recuerdo de cómo sobreviví en mi país. Me decía a mi mismo que si pude sobre vivir una guerra, terremotos, huracanes, crisis económicas, regímenes políticos, podría  sobrevivir a la gran ciudad. ¿Pero que hacía con los recuerdos de las bellezas de Nicaragua? Era lo que me hacía sentir vulnerable y lo que hoy me tiene atado más que nunca a ella. Es bella y extraña.

Cuando salí y dejé atrás a mi Nicaragua morena. Recuerdo que al aterrizar en el avión eran las 8 de la noche en el aeropuerto de Los Angeles, las luces de neom alumbraban las grandes avenidas nocturnas gente por todos lados, los freeways eran como ríos ( el siquia, mico, el rama, escondido, y mahogany). Un temor invadió mi cuerpo. No me había bajado del avión cuando pensé en mis dos hijos que venían conmigo. Los había arrancado de su colegio, de sus amigos, de su barrio y de su familia de un día para otro. Fue como arrancar un pequeño árbol de limón o de aguacate, que al arrancarlo para trasplantarlo en otra tierra es difícil. Cuando más viejo, más difícil. Sentí que la ciudad me tragaba desde el avión. Me comía. Me absorbía como un gran monstruo. Con la impersonalidad de Los Angeles me sentí como un inmigrante mas, no era la persona a la que todos conocían en el barrio. Tuve que reinventarme, tuve que olvidar para poder vivir.

Hoy diez años después como cualquier inmigrante en este país que puede contar las historias más inverosímiles, mi historia no es más dramática como la de muchos. Es una mas. Pero pensé que mis recuerdos no son simple recuerdos sino tienen una conexión con lo inverosímil la sobrevivencia de mi generación. La generación perdida, muerta, emigrada o escasa. Trate de llenar el hueco y estirar 10 años pero auque están aun vinculados con mi amada no estoy seguro si soy un amante turista o soñador. En mis recuerdos los días se me hacen chiquitos. La brisa de la noche en el mar es tibia porque sueño el recuerdo en Semana Santa y no quisiera dormir. Quisiera estar sentado en una butaca, viendo, pensando, reflexionando como 10 años de mi vida pasaron tan rápido y dar gracias a Dios por haber sobrevivido tantas penurias.

Reconozco que los años se van rápido y no es mucho tiempo pero cada vez que regreso a nicaragua hay alguien menos que pertenece a mi ya escasa generación. Pero a diferencia de cualquier lugar del planeta en Nicaragua no necesitas conocer a alguien para tener una conversación. Los nicas son muy platicones y muy espontáneos para empezar una platica o una discusión.

Así que hoy trataré de prolongar mi estadía en Los Angeles hasta el 2020. Pero una promesa: con el Internet y la comunicación no voy a esperar 10 años más para regresar. No estaré ausente. Me rehúso a ser un extranjero en mi propia tierra. Visitaré con más frecuencia mi país y trataré de seguir ayudando en lo que este a mi alcance a los menos favorecidos. Apreciaré más Nicaragua y haré una lista de sus virtudes y celebraré el regalo que nos dio Nicaragua: su gente, su naturaleza, y la facilidad de hacer nuevos amigos.

Hoy diez anos disfruto como todo Angelino, la playa, los cambios de temporada, los tempranos amaneceres, largos atardeceres cuando el sol se oculta después de las ocho de la noche. Aprendi a vivir en mi soledad, a entender mi ser. Puedo decir que ha sido un paréntesis en mi vida que me ha permitido reflexionar. A la mitad del camino, hoy veo a tras, veo en el espejo una disyuntiva. Pongo atención al camino que me queda por delante. Podre nuevamente sobrevivir Nicaragua? A lo mejor es solo un anhelo, una ansiedad disfrazada y no una realidad. Pero quiero reclamar mi pan de coco, mi rondon, y mi sopa de mondongo. Me considero un cudadano universal aprendi a vivir con mucha gente de distintas culturas. Los Angeles is a melting pot of the world.

 

 

 

 

 

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